El Partido Verde Ecologista de México (PVEM) en Oaxaca arrastra un problema de fondo: carece de una militancia real y de estructura propia. Su presencia política no se sostiene en trabajo territorial ni en identidad ideológica, sino en acuerdos coyunturales y en la inercia de las alianzas, particularmente con Morena. Más allá de cortesías y mejores deseos, con fotografías para las páginas sociales, el Verde existe en el papel y en las boletas, pero no en las calles. Y esa desconexión, tarde o temprano, pasa factura.
Lejos de consolidarse como una fuerza con arraigo social, ha operado más como una franquicia política que se activa en tiempos electorales. Sus “cuadros” suelen ser reciclaje de otros partidos o figuras sin trayectoria partidista que encuentran en sus siglas una vía rápida de acceso a candidaturas. Esto impide la construcción de una base sólida y compromete cualquier intento de representación genuina.
En los municipios, la ausencia de comités activos y de militantes comprometidos es evidente. No hay trabajo permanente, ni formación política, ni cercanía con causas ambientales o sociales que justifiquen su existencia más allá del nombre. El discurso ecologista, además, queda reducido a lo simbólico, sin incidencia real en la agenda pública estatal.
Su crecimiento electoral, cuando ocurre, depende más del efecto arrastre de Morena que de méritos propios. Esto lo coloca en una posición cómoda pero frágil: útil como aliado, pero prescindible como fuerza autónoma. En un escenario de competencia sin coaliciones, el Verde enfrentaría serias dificultades para sostener su registro o relevancia en Oaxaca.
La falta de militancia no es solo un problema organizativo, sino de legitimidad. Sin base social, sin identidad clara y sin trabajo territorial, el PVEM difícilmente puede asumirse como representante de intereses ciudadanos. En los hechos, su papel ha sido más el de un instrumento político que el de un partido con proyecto propio.
…. A VUELO DE PÁJARO
La seguridad alimentaria sigue siendo una meta lejana, atrapada entre la pobreza estructural, el abandono institucional y un modelo de desarrollo que no ha logrado garantizar lo más básico: comida suficiente y nutritiva para todos.En comunidades indígenas y rurales, la desnutrición infantil persiste como una deuda histórica, mientras que en zonas urbanas crece otro problema igual de grave. El impacto es grave y de largo plazo. Niños con desnutrición tienen menor rendimiento escolar, mayor riesgo de enfermedades y menos oportunidades en la vida adulta. Es una cadena que perpetúa la pobreza generación tras generación.
Patrimonio
Con una inversión superior a los 11 millones de pesos, mezcla de recursos federales y municipales, iniciará la segunda etapa de rehabilitación del Palacio Municipal, así como los trabajos en la Plazuela del Carmen Alto. El presidente municipal Ray Chagoya resaltó las obras que se ejecutarán para recuperar el patrimonio histórico de nuestra capital, entre ellas, la rehabilitación del antiguo acueducto de San Felipe del Agua y Xochimilco, una obra de alto valor cultural, urbano y comunitario. Este proyecto se presenta en el marco del aniversario del tradicional barrio, uno de los más representativos de la capital oaxaqueña. El objetivo de preservar la memoria histórica de Oaxaca de Juárez y revitalizar espacios que forman parte de la identidad de sus vecinas y vecinos.
De reversa
Ante las airadas protestas por los requisitos para la obtención de la tarjeta del sistema de transporte BinniBus, el Gobierno del Estado admitió la preocupación de los oaxaqueños para entregar documentos como CURP e Credencial de Elector por lo que serán eliminados. Por cierto, mientras se anuncian más autobuses, entre ellos de dos pisos, la ciudadania reclama atención integral al mantenimiento de calles y avenidas ante las deplorables condiciones en que se encuentran, no solo por la gran cantidad de baches y hoyos, también por los topes instalados por el excesos de velocidad de muchos conductores.
Infraestructura
Al cierre del primer trimestre de 2026, la estructura del gasto del Sector Público muestra una recomposición significativa: los recursos destinados a protección social y al pago de la deuda concentran casi cuatro de cada 10 pesos que ejerce el Gobierno federal, mientras que la inversión en infraestructura cae a su nivel más bajo en casi dos décadas. El gasto en Estado de derecho —que comprende seguridad nacional, justicia y policías civiles— registró un incremento modesto de 1.6%, para ubicarse en 73.6 mmdp. Sin embargo, su participación en el gasto total se redujo al 3%, el segundo nivel más bajo desde 2012.
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