NÉSTOR Y. SÁNCHEZ ISLAS
En Oaxaca, la liturgia magisterial se aplica puntualmente desde hace décadas: marchas, plantones y bloqueos son parte de su ritual que, en sus orígenes tuvo legitimidad y apoyo popular al ser una expresión de protesta contra el charrismo sindical. Con el tiempo se convirtieron en influyente actor político que derivó en una mafia siniestra. Me pregunto si su modelo de lucha responde al mundo actual y, sobre todo a los estudiantes que en sus manos tienen, o solo son un viejo fósil atrapado en la lógica del siglo XIX.
La CNTE surgió en 1979 como respuesta al corporativismo oficial del viejo régimen, hoy renacido con el nombre de Morena. En Oaxaca encontró uno de sus bastiones más sólidos. La Sección 22 acumuló poder político y capacidad de movilización hasta convertirse en un interlocutor obligado para los gobiernos estatales y federales. Su papel fue especialmente reprobable en la crisis de 2006, cuando la asonada magisterial derivó en la conformación de la APPO, una fachada que intento darle el matiz de movimiento popular, que no lo fue porque fue solo para mantener las canonjías sindicales y en nada mejoró la educación.
No olvidamos que durante años tuvieron legitimidad y apoyo popular como una fuerza de resistencia ante el autoritarismo y el rezago de sus condiciones laborales. Las condiciones educativas nunca han sido su prioridad. Pero hoy vivimos otro contexto, la economía global está marcada por el conocimiento, la innovación y la transformación digital. En ese escenario, resulta cada vez más difícil justificar que la suspensión de clases siga siendo el principal instrumento de presión de un gremio cuya responsabilidad central debería ser fortalecer el aprendizaje.
Son una contradicción: deberían encabezar la lucha por el conocimiento, pero lo suyo es la lógica de la confrontación y la violencia. No son una revolución permanente, pero si son una molestia permanente. La discusión pedagógica, la actualización académica y el uso de nuevas herramientas para enseñar con frecuencia pasan a segundo plano frente a la agenda de movilización política.
Su confrontación con la Reforma Educativa de Peña Nieto ilustra bien esa tensión. Para la Sección 22, esa reforma representó una amenaza laboral, política y sindical; para sus defensores, era una manera de introducir controles sobre prácticas opacas en la asignación de plazas y en la gestión del sistema. El conflicto mostró que el debate no era solo pedagógico, sino también de poder.
Por unos pocos años lo vimos. El Estado recuperó parte del control administrativo de la educación y la capacidad de presión del sindicalismo radical se redujo. Con la elección de Andrés Manuel López Obrador y la cancelación de la reforma, volvió la tolerancia y el desastre. Desde entonces, la indiferencia de la 4T frente a protestas y bloqueos ha reactivado una dinámica que impacta de manera recurrente a la vida pública y económica de Oaxaca.
Estas movilizaciones destruyen la débil economía, estancada desde hace 7 años de la 4T en el poder. Ellos han normalizado la paralización económica como un método de negociación en donde los que siempre terminamos pagando somos nosotros. El Estado no compensa el daño del terrorismo económico de la CNTE, al contrario, ellos aplican el terrorismo fiscal.
El contexto actual pone algo muy poderoso en el futuro: el avance acelerado de la inteligencia artificial. Aunque muchos docentes afirman que ninguna tecnología podrá sustituir a un maestro, la realidad es que la educación ya cambió para siempre. Hoy un estudiante puede acceder desde un teléfono móvil a bibliotecas enteras, cursos universitarios internacionales, traducción instantánea, asistentes de escritura y sistemas de tutoría basados en IA capaces de responder dudas en segundos. El viejo modelo del profesor como único depositario del conocimiento está desapareciendo.
Por ello mismo la Sección 22, en un futuro muy cercano, será anacrónica. Más que profesores son activista políticos. Los maestros necesitan convertirse en guías intelectuales capaces de enseñar pensamiento crítico, análisis, creatividad y adaptación tecnológica. Pero esa transformación exige estudio permanente, disciplina académica y apertura al cambio, no solamente resistencia ideológica.
Mientras en el mundo se discute la IA y la computación cuántica, en Oaxaca el debate educativo está atrapado en Marx y Trotsky. La Sección 22 parece muchas veces un fósil político: una estructura sobreviviente de otra época que conserva fuerza de presión, pero cuya visión difícilmente responde a los desafíos del presente.
¿Cómo progresará Oaxaca si la educación es un rehén del gobierno federal y del sindicato magisterial? Hoy ya no tienen ni legitimidad, ni respaldo popular ni autoridad moral.
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